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“UN ENFOQUE SISTÉMICO EN CUIDADOS PALIATIVOS” Lic. María Cecilia Muelas Postgrado en Cuidados Paliativos en la Universidad
de El Salvador. Me gustaría comenzar este artículo con una frase que merece toda su atención: “La muerte nos visita día a día, pero vivimos como si fuéramos inmortales” Habiendo pasado en mi experiencia personal, por el gran dolor y sufrimiento que se siente cuando se pierden seres muy queridos por cualquier circunstancia, pero sobre todo a raíz de una enfermedad incurable, es que tomé conciencia de la importancia que como psicóloga podría desempeñar en el cuidado y acompañamiento terapéutico de pacientes terminales y sus familiares. Como terapeuta sistémica
y habiendo cumplimentado además un postgrado en cuidados paliativos,
comprendí que además de contar con un novedoso horizonte laboral,
también tenía la posibilidad de aplicar los conocimientos del
paradigma sistémico a una especialidad nueva, que también implicaba
un cambio de paradigma en una medicina altamente tecnificada. Pone énfasis en una mirada antropológica y holística de hombre, independientemente de la circunstancia que le toque vivir, como es la enfermedad. Reivindica el rol del
médico y de todos los profesionales de la salud, recordando un viejo
aforismo que dice: “Curar, algunas veces; aliviar a menudo; cuidar y
acompañar siempre.” Como psicóloga perteneciente a un equipo de Cuidados Paliativos, necesito clarificar aspectos importantes referidos al paciente y su familia. Cuando hablamos de pacientes, que padecen enfermedades terminales, debemos entender que la muerte se les aparece amenazante, dando lugar a la aparición de diversos temores que comienzan aflorar. Si el miedo es aceptado se convierte en angustia, tristeza o depresión. Otras veces los miedos serán negados intelectualmente, como mecanismo defensivo ante un diagnóstico de enfermedad incurable. Estos pacientes enfrentan un proceso de deterioro físico y psíquico que los pone en condición real de morir. Además del temor al sufrimiento, que involucra la pérdida de la imagen corporal, detestan ser una carga para los demás, sufren por no poder completar una tarea, por la pérdida de su rol familiar o social, temen por el futuro de su familia y por el funcionamiento de su hogar cuando ellos ya no estén. Estos miedos gozan de un cierto grado de generalidad y a su vez se entrelazan con las características específicas de cada persona en particular, con sus condiciones sociales, religiosas, culturales, familiares. En este punto y como terapeuta sistémica, será necesario respetar las creencias, atribución de significados que cada paciente tiene con respecto a la enfermedad, dolor y muerte. Nuestra tarea será entonces ayudarlos a verbalizar sus molestias, inducirlos al diálogo, facilitando durante todo el proceso de la enfermedad una aceptación y adaptación apropiadas. Es útil recordar que una comunicación apropiada facilita el encuentro con el otro, la comprensión de sus ideas, emociones y sus creencias. Facilita además que mejore la comprensión de aquello que buscamos transmitir y sugerir. Para esto estaremos atentos a los conceptos tan apropiados que nos proporcionara la “Teoría de la comunicación humana” de Paul Watslawick y sus axiomas. No perder de vista, la importancia del lenguaje verbal y no verbal. Será necesario utilizar técnicas y estrategias adecuadas a cada tipo de paciente y situación. Para esto contamos con un abanico de ellas en la terapia sistémica como son: hablar el lenguaje del paciente, recurso del humor, peguntas circulares, prescripciones de comportamiento, reestructuración, visualización, relajación, uso de analogías. Cuando hablamos de familia, sabemos que la enfermedad terminal afecta no sólo al individuo enfermo sino también a los miembros de su familia provocando trastornos a nivel emocional como así también a nivel funcional. No olvidemos que la familia se constituye como un sistema de relaciones interpersonales que forma una unidad de funcionamiento, de modo tal que cualquier modificación que se introduce en una de sus partes repercute en todas las restantes. Esta unidad de funcionamiento se caracteriza por un reparto de roles y de responsabilidades. La enfermedad va a exigir a la familia la necesidad de asegurar nuevas y distintas funciones: intentar reconfortar al enfermo, participar en las decisiones médicas y en los cuidados, esforzar en asumir aspectos cotidianos adaptándose a una situación médica de evolución constante. Entonces como estrategia adecuada apropiada para brindar cuidados paliativos, será necesario considerar las vivencias del enfermo y su grupo familiar, identificando sus necesidades, problemas y recursos, buscando el consenso durante todo el proceso de la enfermedad. De esta manera los cuidados paliativos incorporan a la familia como unidad mínima de tratamiento, extendiendo la atención al período de duelo. Es importantísimo, en nuestra tarea como psicólogos y terapeutas sistémicos realizar reuniones familiares desde que tomamos contacto con los pacientes. Muchas veces y según las distintas situaciones y problemas a trabajar, citaremos a toda la familia del paciente o los diferentes subsistemas de ser esto necesario. Utilizaremos un instrumento que para nosotros es fundamental: la confección del genograma. El mismo nos permitirá tener desde un comienzo, una idea aproximada de la estructura familiar, información de sus vínculos, relaciones, datos de edad, nombres, profesiones y hechos más significativos a lo largo de la historia. Será importante hacer una evaluación de la capacidad familiar, para enfrentarse a una enfermedad incurable. Esta comprende el estudio de las características psicológicas de cada uno de los miembros de esa familia y las del sistema familiar en sus aspectos de adaptabilidad, de comunicación, de cohesión, desenvolvimiento y transformación. Las características familiares que parecen favorecer su adaptación son una flexibilidad de la organización que permite los cambios de roles, relaciones intra y extrafamiliares (cohesión) y que toleran y favorecen la expresión de las preocupaciones (comunicación) y una capacidad de recurrir con confianza al sistema de cuidados. En cuidados paliativos es necesario evitar la claudicación emocional de los familiares. Se trata de episodios caracterizados por la incapacidad de los miembros de la familia para ofrecer una respuesta a las demandas y necesidades del paciente y que tiene como consecuencia la dificultad para mantener una comunicación positiva con el paciente, entre los miembros sanos de la familia y de éstos con el equipo de cuidados. Estos episodios pueden afectar a todos los miembros de la familia simultáneamente o sólo a alguno de ellos. Puede reducirse a un episodio momentáneo, temporal, o bien definitivo que se manifiesta por el abandono del paciente. De mi experiencia
profesional, en el contacto diario con pacientes y familias
aquejadas por este tipo de enfermedades y enfrentadas a la muerte,
aprendí la necesidad de integrar dos aspectos que resultan
fundamentales: la actitud humana y la aptitud profesional y
científica. |